NO CULPEN A WALL STREET
Posted on 18. Mar, 2010 by Agustín Genovese in TV
La televisión está cambiando. La forma de verla también. Aquél poder que supieron ostentar las grandes cadenas televisivas parece tener fecha de vencimiento. Internet principalmente, y la enorme cantidad de posibilidades que brindan las nuevas tecnologías para ver contenidos, derriba las barreras naturales que imponían los grandes oligopolios mediáticos que aún siguen siendo característicos en muchos mercados, y más en latinoamérica.
Es allí donde no resulta raro que la mayoría de países avancen con esquemas regulatorios más estrictos y necesarios para promover la competencia y la producción local. Antes, nadie se hubiese animado a enfrentar a los grandes monstruos de la tv. Hoy, con grandes problemas de financiamiento, auspiciantes seducidos por los nuevos hábitos , principalmente de los más jóvenes, los canales en el mundo van perdiendo poder, atraen menos, y van dando paso a una nueva época, que podríamos llamar más ¨democrática¨, por ponerle un nombre. Y eso es bueno. Que un periodista desde un blog sea leído por miles de personas, o que un contenido pueda ser visto por millones de internautas, o hasta que alguien pueda bajar una serie, un programa en su dispositivo móvil, da más posibilidades a los productores y promueve más la competencia en la industria televisiva.
Sin embargo, esto también lleva a pensar que la forma de ver y los gustos de la gente también están cambiando, por ende la forma de producir y qué producir también.
Las grandes inversiones puede que disminuyan también en un mercado con una alta polarización y una mayor oferta de productos. Para poner un ejemplo, en la tv tradicional, un partido de fútbol es uno de los contenidos más preciados hoy en dia. En internet, un hecho periodístico como la caída del papa Benedicto XVI filmado por un turista desde su teléfono, son las joyas del momento. ¿Qué producto entonces va a querer ver la gente? Quizás ambos, y todo hace suponer que en el futuro inmediato el resultado sea que el entretenimiento esté unificado, eso sí, con opciones infinitas de productos para el demandante (la gente), promoviendo una competencia interesante y dificultando si las grandes inversiones en contenidos. Los auspiciantes deberán ser rápidos y estar atentos a la novedad. Los responsables del pautaje en los medios, serán figuras centrales en las empresas patrocinantes, y deberán ser creativos y estar muy informados para poder lograr buenos resultados con sus campañas. Los productores tendrán que utilizar todos sus sentidos para poder adaptarse a los nuevos tiempos.
Por otro lado, la televisión digital permitirá también que varias señales coexistan en una misma frecuencia, poniendo fin a los grandes monopolios tan buscados por inversores en décadas anteriores. Pero volvemos a lo mismo, el consumidor no quiere perder tiempo. Así como los shoppings se convirtieron en el destino preferido para las compras, la tv, internet y toda forma de ver contenidos va a tender a una concentración, pero con miles de alternativas, primando el ¨on demand¨. Entonces, cuando aún escuchamos constantemente cómo los medios sufrieron el temblor de la crisis, estamos ante una verdad a medias. Claro que el colapso financiero afectó duramente la inversión publicitaria y por ende a quiénes dependen de ella. Pero pasada la recesión, vamos a empezar a ver la verdadera crisis de la televisión. Y en ese momento, simplemente prepárense para un mercado más competitivo, un público cada vez más exigente y nuevos desafíos. Aquellos que se descansaron en los privilegios de mercados con poca oferta, favorecidos por las barreras de entrada que imponen la escasez de frecuencias y el limitado espacio de aire actual, van a verse en problemas si no empiezan a trabajar sus cadenas pensando en estos nuevos factores y profesionalizando su programación y sus contenidos para poder ser vistos y así poder vender y subsistir.
Entonces, en ese momento, no culpen a Wall Street, ya que los problemas de la tv van a ser de la tv, impulsados principalmente por el avance tecnológico y agudizados por las propias características del mercado, que vio crecer gigantes mediáticos ineficientes y no se preocupó en mucho tiempo en promover la competencia ni de ofrecer productos atractivos al televidente.



